La disciplina te hace libre

La disciplina te hace libre

Pues si, pienso que la disciplina te hace libre. ¿Disparate? Creo que no. Nuestro entorno está cada vez más lleno de distracciones. Distracciones que, por cierto, se suman a la vagancia que caracteriza nuestra especie (lo digo con cariño).

Disciplina: concepto mal entendido

Empecemos por el principio. ¿Qué es la disciplina? Para muchos, es un concepto que se suele asociar con reglas y castigos y es algo desagradable. No digo que eso no sea así en ciertos contextos, pero echándole un vistazo a la RAE, para el objetivo de este artículo nos quedaremos con la tercera acepción:

Especialmente en la milicia y en los estados eclesiásticos secular y regular, observancia de las leyes y ordenamientos de la profesión o instituto.

La parte importante es “observancia de las leyes y ordenamientos de la profesión o instituto”. Bien. Esto tiene pinta de hablar de todo menos de libertad, sigamos.

Esta definición del concepto sólo menciona las leyes impuestas desde “arriba” o desde “fuera”. Pero, ¿qué ocurre si nosotros mismos marcamos nuestras leyes? Seguimos hablando de disciplina, pero es una disciplina en la que solamente nos rendimos cuentas a nosotros mismos.

La disciplina te hace libre

¿Para qué querríamos marcarnos leyes o normas propias?

En mi opinión, es una forma de encaminarse hacia nuestros objetivos. Una forma de sustituir la recompensa inmediata que no nos aporta nada, por la recompensa aplazada que a largo plazo es la que verdaderamente nos permite desarrollarnos.

Por ejemplo, si tienes como objetivo formarte en un determinado tema por tu cuenta, a menos que te pongas determinadas reglas, no lo vas a conseguir. Porque el día que te dé pereza, en vez de ponerte a estudiar vas a sentarte a ver Netflix, o te perderás por las redes sociales, o en YouTube.

Y cuidado, no digo que hacer eso sea malo. Pero sí puede perjudicar tus objetivos porque Netflix te da una recompensa inmediata (te hace sentir bien) y estudiar es muy tedioso y no vemos sus beneficios en el momento.

Foto de Jens Kreuter

Bien, pues una regla podría ser “no pondré Netflix hasta que haya estudiado una hora cada día”. Parece una regla básica, pero ya te has puesto una regla. Y es una regla que sin disciplina no cumplirás.

Ahora, como la cumplas a rajatabla, te vas a comer el mundo. Porque una hora al día puede parecer poco, pero si lo hicieras el 80% de los días durante un año serían casi 300 horas que has dedicado a tu desarrollo y a cumplir un objetivo tuyo. ¡300! Eso son más de 37 jornadas laborales, casi dos meses de trabajo. Y lo único que necesitas es un poco de disciplina.

Por todo esto la disciplina te hace libre. Para mí, ser capaz de poner en marcha tus planes es libertad.

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