Gratificación inmediata y aplazada: somos monos

Gratificación inmediata y aplazada: somos monos

La gratificación inmediata y aplazada no era una preocupación cuando trepábamos por los árboles. Parece que fue hace una eternidad. Quitando que nos ha cambiado un poco la forma del cráneo y somos bípedas, a casi todos los efectos seguimos siendo monos.

¿Que a dónde voy con esta idea tan rara? Hoy voy a compartir una reflexión sobre los impulsos. Más concretamente, vamos a hablar de gratificación inmediata y gratificación aplazada y su impacto en la consecución de nuestros objetivos.

¿Qué nos diferencia de los animales?

Como buenos humanos que somos, pensamos que somos la caña y que dominamos el mundo. En parte es cierto (lo de dominar el mundo), pero no del todo. Por muy avanzados que nos creamos, nos sigue dominando en buena medida el mismo instinto primitivo que teníamos hace miles de años. Esto es algo que compartimos con todos los animales y que nos genera impulsos difíciles de controlar.

¿Qué es un impulso? Hablando mal y pronto, es el nombre que le ponemos al hecho de “actuar sin pensar”.

Sin embargo, disponemos de una “herramienta” adicional que no tienen el resto de especies (al menos no tan desarrolladas). Es la capacidad de pensar en el futuro (también en el pasado, pero nos vamos a olvidar de esto para lo que nos interesa) y planificar para enfrentarnos a él, e incluso influir en nuestras acciones para llegar a un determinado resultado que hayamos visualizado.

Guau, esto último me ha quedado profundo. A partir de aquí y sabiendo esto, en nuestro día a día nos enfrentamos a una multitud de decisiones que te pueden llevar por uno de dos caminos relacionados con la gratificación inmediata y aplazada.

El camino fácil: gratificación inmediata

Sólo con el título de este apartado sabes por dónde van los tiros. Por lo general, “camino fácil” no suele ser una combinación de palabras que se refieren a algo recomendable. Esta no será una excepción.

El camino fácil consiste en hacer lo que te apetece en cada momento. No te cuestionas si podrías estar haciendo otra cosa que te convenga más o que te diera un beneficio mayor.

Es una forma de actuar prácticamente impulsiva que busca (y casi siempre consigue) una recompensa rápida y placentera. Como una droga. De hecho es una droga, tiene todo un proceso químico con hormonas en nuestro cerebro que no me detendré a explicar porque no sé mucho del tema. Como los monos.

Aprovecho para dejarte un vídeo BRUTAL relacionado con este tema. Explica lo que ocurre en la mente de los procrastinadores de forma súper amena. También habla de monos.

Por darte algunos ejemplos:

  • Echarle un “vistazo” a las redes sociales genera una gratificación inmediata de varias formas: vas deslizando el dedo para ver fotos o vídeos y (lógicamente) los encuentras súper rápido; otra forma sería subiendo contenido para que te den “likes”.
  • Netflix y similares: las series suelen tener una trama que engancha y saber lo que ocurre nos genera una satisfacción adictiva.
  • Comida basura: ese insano pero delicioso sabor que no encuentras en las verduras…azúcar, fritos, refrescos y demás. Igual de adictivos por la respuesta que generan en nuestra cabecita.

¡Ojo! No estoy diciendo que no debamos nunca hacer estas cosas, ni mucho menos. El mensaje se centra en el hecho de hacerlas sin pensar en cómo nos perjudican o cómo podríamos aprovechar mejor el tiempo. A largo plazo, ¿qué te interesa más? ¿Qué decisiones te acercarán a tus objetivos?

Todas estas cosas persiguen la gratificación inmediata y no contribuyen a que consigas nada de lo que te propones. En mi humilde opinión, deben formar parte de nuestra vida dentro de un equilibrio sano que nos permita relajarnos y disfrutar sin olvidarnos de nuestras ambiciones.

El camino difícil: gratificación aplazada

Si sigues leyendo, ¡gracias! No es fácil que te lean cuando escribes realidades sin sensacionalismos. Pero aquí están las claves del artículo sobre gratificación inmediata y aplazada.

El camino difícil consiste en tomar las decisiones que te empujan a hacer lo que te apetece poco ahora mismo, pero que SABES que es lo correcto para conseguir algo mejor en el futuro.

El camino difícil es cambiar una pequeña gratificación que no te aporta mucho ahora por una gratificación mayor dentro de un tiempo. Por concretar, ¿te aporta más ver 45 minutos de una serie o dedicar esos 45 minutos a leer sobre un tema del que quieres aprender y que te vendrá bien saber para conseguir X?

Tomar la decisión de leer es MUCHO más difícil que encender la tele, pero la gratificación aplazada de leer te puede resultar también MUCHO mayor que la de ver una serie.

Al fin y al cabo, todo se resume a tener una balanza mental que te permita valorar qué es lo que más pesa. A su vez, tienes que encontrar un equilibrio entre las gratificaciones inmediatas que nos gustan a todos y las gratificaciones aplazadas (que también nos gustan, incluso más que las inmediatas, pero que requieren sacrificio).

Y esto no lo hacen los monos.

Romper el círculo cuesta, pero es posible

La mayoría de las personas están o han estado en el círculo vicioso de las gratificaciones inmediatas. Como con muchas cosas, lo que más cuesta es darse cuenta de la situación.

Suele ocurrir por dos motivos. O alcanzas un límite que te hace ver que el asunto se ha convertido en un problema, o se te mete algo en la cabeza que no vas a dejar hasta que lo consigas.

Entonces es cuando tomamos la decisión de darle un giro de 180º a nuestra vida de forma brusca y repentina, yéndonos de un extremo al otro. Nos quitamos todas las gratificaciones inmediatas de un día para otro. Esto hace que el cambio de hábitos tenga muy poca adherencia.

Desde la experiencia, la mejor recomendación que puedo dar es hacer un cambio progresivo en el que vas reduciendo poco a poco alguna de las gratificaciones inmediatas para sustituirla por una actividad de gratificación aplazada.

Yo estoy escribiendo esto un sábado por la mañana, ¿cree que no se me ocurren cosas más divertidas que hacer? Se me ocurren muchas, pero a largo plazo me genera una mayor gratificación dedicar este rato a escribir que a estar haciendo cualquier otra cosa. O eso me indica mi balanza mental, porque no soy un mono.

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